Este mes de mayo, hablamos de rearme en el contexto de un mundo que atraviesa una lógica belicista con diferentes frentes, desde Ucrania hasta Palestina. La izquierda y los movimientos sociales no son ajenos a este debate. Como señalan en el número: “A menudo se identifica el rechazo al aumento del gasto en defensa como una posición de carácter moral e idealista, que se formula de espaldas a unas relaciones internacionales que se han transformado radicalmente y de la que emanan distintas amenazas para las democracias europeas. Tanto el Gobierno como los medios de comunicación tratan de imponer una sensación de urgencia, a través de un relato en el que Europa estaría atrapada entre el repliegue del paraguas defensivo de EE.UU. y la expansión imperialista de Rusia hacia Occidente. Europa afrontaría, en última instancia, una amenaza existencial. Así, el debate sobre la pertinencia del gasto en defensa se da por superado, y de lo que se trata, en todo caso, es de discutir respecto a cómo se lleva a cabo: el cuánto, el cómo, en qué y para qué se gasta son las incógnitas que habría que disputar. Parte de la izquierda que se sitúa u orbita en torno a la política institucional—también las grandes centrales sindicales y algunos sectores de la academia— abrazan este marco de discusión, sobre el que pretenden intervenir. La enunciación de un rechazo a este rearme, por el contrario, resultaría inoperante políticamente.”.
Contra el rearme. Una perspectiva de clase
•
