Dueños del Estado: ¿Quién manda aquí? Grandeza y miseria de las élites españolas
Un historiador, un sociólogo y un periodista desmienten los mitos oficiales sobre la naturaleza, endogamia y dinámicas de poder de la clase dominante en España.
De los pobres sabemos demasiado: para qué trabajan, por qué obedecen, cuáles son sus problemas, cómo pagan el alquiler. Los pobres siempre están disponibles. Una cámara de televisión puede grabarlos por la calle y preguntarles cuánto cobran o qué les preocupa. No así con las élites, para las que su prestigio depende de un aura de secretismo que hace difícil saber de qué viven o si algo les perturba. No llegan a descubrir tanto los tres libros publicados en los últimos meses sobre las élites españolas, pero sí alcanzan a constituir un retrato exhaustivo y documentado de la composición e historia de la clase dominante en nuestro país.
Tres radiografías urgentes del poder
- 1. El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas – Carlos Arenas Posadas (El Paseo Editorial)
- 2. Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939 – Andrés Villena (Libros del K.O.)
- 3. Los dueños del Estado. Los altos funcionarios que mueven los hilos del poder en España – Rafael Méndez (Ediciones Península)
Estas obras acreditan un renovado interés por abordar el funcionamiento del poder, poner nombres propios y arrojar luz sobre las dinámicas que han dado forma a la sociedad y a la economía española en el último siglo.
“La oligarquía española siempre ha parasitado el Estado”
Carlos Arenas Posadas (Sevilla, 1949) ha dedicado buena parte de su labor investigadora a indagar quiénes y cómo han mandado en España. El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas es un voluminoso libro de historia económica que ha alcanzado una tercera edición, quizás porque su relato del origen y naturaleza de nuestras élites difiere de la ofrecida por sus historiadores de cámara, todos esos que “desde los essencialismos de Menéndez Pelayo hasta Pío Moa se han dedicado a justificar lo que las élites quieren que sea este país”.
Arenas no oculta la vocación política de su libro, que nació de la indignación ante el recurrente discurso de las clases privilegiadas “de decir que ellos dirigen por sabios y los demás viven del subsidio. Hablemos entonces de pesebrismo y del peso que tiene en él la oligarquía española, que siempre, hasta la actualidad, ha parasitado el Estado en su beneficio”.
“Las élites siempre están creando enemigos para justificar que España les necesita. El poder está detrás del negocio y para ejercer poder hace falta ideología.”
— Carlos Arenas PosadasLos mitos de origen son cruciales para afianzar el poder de una casta en un sistema político: “El relato histórico pretende hacer pasar los intereses particulares de esa élite por los intereses de la nación. Esta oligarquía ha ocupado el Estado desde la Edad Media, y necesita verse legitimada inventándose una historia nacional”. Pero la realidad es que “ha sido la guerra el motor fundamental de la creación de las oligarquías. La guerra y el miedo contra los supuestos enemigos de la patria, ya sean los moros, los protestantes, los liberales o los socialcomunistas”.
¿Andrés y cuál ha sido la relación histórica de esa casta dominante con el Estado? Sencillamente, “ellos han creado el Estado para buscar rentas. Cuando la oligarquía ayudaba al rey, lo hacía sabiendo que recibiría tierras y señoríos. Hoy, con el caso Montoro y la relación del Estado con la banca o las energéticas, se ve que seguimos igual”.
Arenas sugiere que el carácter de las élites se forja en paralelo al desarrollo de la lucha de clases. “Las élites se reproducen de forma semejante en todas partes”, explica el historiador, “lo que ocurre es que los movimientos de trabajadores han conseguido que haya un cierto respeto a las clases empobrecidas. Aquí, en España, el ejército consiguió imponer el miedo mediante la violencia. Y donde hay sumisión, hay impunidad. En otros casos, como puede ser el francés o el británico, la impunidad es algo menor. Todo depende del equilibrio de fuerzas”.
“La falta de patriotismo es inherente a la élite española”
El libro de Andrés Villena (Elche, 1980) –Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939– estaba a punto de salir publicado en Ariel, uno de los sellos editoriales del grupo Planeta. Poco antes de enviarlo a imprenta, alguien decidió eliminarlo del calendario de publicaciones alegando que “no encajaba con la línea actual de la editorial”. Tras su publicación definitiva en Libros del K.O., el libro tuvo que reimprimirse cinco veces en solo mes y medio.
Villena, doctor en sociología y profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, defiende “un enfoque empírico y objetivo para entender cómo se configuran los poderes, y no esas teorías conspiranoicas que defienden que existen minorías que planifican los destinos de la civilización. Yo llevo desde 2012 investigando este tema, pero utilizando siempre fuentes oficiales como el BOE o el registro mercantil. En realidad, las élites conspiran a la luz del día: no necesitan reuniones secretas en lugares recónditos”.
“En muchos aspectos, el Estado es un gestor de los intereses de la clase dominante.”
— Andrés VillenaEn la introducción de su obra, Villena da forma a una pequeña caja de herramientas metodológica. “En la sociedad siempre se conforman grupos minoritarios con conciencia de clase y puntos de vista coincidentes”, expone. “Obviamente, en esas minorías se dan ciertos talentos o características psicológicas que les llevan a mandar, pero hay un elemento clave que es la desigualdad y los determinantes educativos: personas que han estudiado en ciertos sitios, que son receptores de herencias o tienen capital social. Las élites se forjan en un proceso de socialización que les hace creer que son los elegidos para dirigir el Estado”.
Retomando las ideas de Arenas, Villena aventura que la victoria franquista de 1939 supone “una renovación de esa red clientelar en beneficio de los afines al Movimiento. Ese Estado autoritario que se estaba construyendo se reforma a partir del 59 para mantener ese carácter de clase que pone todos sus recursos jurídicos y administrativos para que las grandes fortunas lo sigan siendo”.
Este entramado, advierte, sobrevivió a la transición: “Todas las amnistías fiscales y las medidas legislativas que han facilitado la actividad de los fondos buitre son ejemplos de que el problema no es solo la élite financiera, sino también la clase administrativa y política que toma medidas que suponen un expolio para los ciudadanos”. Una clase dominante, la nuestra de este segundo cuarto del siglo XXI, que adolece de “una falta de patriotismo que es inherente al carácter de la élite española. Se trata de una élite que no cree en su país and no tiene solidaridad con ese proyecto común”.
“Les molesta que se diga, pero muchos son familiares”
En lugar de utilizar el gran angular, el periodista Rafael Méndez (Murcia, 1975) ha puesto su lupa sobre el opaco mundo de los altos funcionarios. Los dueños del Estado. Los altos funcionarios que mueven los hilos del poder en España (Ediciones Península) se sumerge en las trastiendas de la administración; de esos abogados del Estado, letrados de las Cortes o inspectores de Hacienda capaces de orientar leyes o bloquear decisiones políticas sin apenas control entre el sector público y el privado.
“Claramente, que nunca se haya puesto el foco en eso es una ventaja para ellos que les permite compatibilizar su plaza de funcionario con un despacho privado sin que llame la atención”, explica Méndez. Tras leer el libro, queda la impresión de que la política es un teatrillo de gestos sobreactuados, y que el auténtico poder estructural opera en otra parte.
El texto incluye un nítido retrato sociológico de unos cuerpos teóricamente meritocráticos, pero copados por la endogamia: “Cuanto más pequeño es el cuerpo, más cerrado. Por ejemplo, letrados del Consejo de Estado hay una treintena. A ellos les molesta que se diga, pero muchos son familiares y hay muchos apellidos compuestos. Es cierto que las oposiciones son duras, pero sí es más fácil que el hijo listo de una familia tradicional se presente”.
“Como sociedad, no hemos afeado que un abogado del Estado en excedencia pleitee contra el Reino de España defendiendo a fondos extranjeros.”
— Rafael MéndezMéndez matiza que no se trata de casos aislados, sino de un fenómeno estructural, aunque existan honrosos funcionarios que defienden lo público de forma anónima bajo una férrea ley del silencio. “Las cosas van cambiando, pero muy lentamente”, concluye. “Los políticos tienen muy poco que ganar enfrentándose a los abogados del Estado. Les incomoda la luz pública, pero nunca hay un expediente ni una sanción. Las inercias perviven; nunca hay una ruptura”.
