El Congreso ha vuelto a darle la espalda a millones de personas trabajadoras rechazando la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales sin pérdida salarial. Con los votos de PP, Vox y Junts, se ha tumbado una propuesta que suponía un pequeño avance frente a la explotación y la precariedad que marca nuestro día a día.
Para la clase trabajadora no es una sorpresa: cuando hay que elegir entre los beneficios de la patronal y la salud de quienes producen la riqueza, el Congreso siempre se decanta por la primera.
Lo que estaba en juego
La propuesta planteaba:
- Rebajar la jornada máxima a 37,5 horas sin recorte de salario.
- Afectar de forma positiva a más de 12 millones de trabajadores y trabajadoras, especialmente en los sectores más castigados.
- Reforzar el registro de jornada, digital y transparente, para frenar la estafa de las horas extra no pagadas.
- Garantizar el derecho a desconectar, para que nuestra vida no esté al servicio de la empresa las 24 horas.
Era un paso mínimo, pero un paso en la dirección correcta.
En la CGT consideramos que la reducción de 2,5 horas es insuficiente y llega tarde. La jornada de 40 horas ha estado vigente por más de 40 años, mientras que el avance tecnológico ha aumentado significativamente la productividad, lo que justificaría una reducción mucho mayor.
¿Por qué lo han rechazado?
Porque supone recortar los privilegios de la patronal. Porque reduce el margen de explotación. Porque obliga a reconocer que trabajamos demasiado y cobramos demasiado poco.
Los partidos que lo tumbaron hablan de “cargas para las pymes”, de “competitividad”, de “rigidez”. Palabras bonitas para esconder lo de siempre: proteger los beneficios empresariales aunque sea a costa de la salud, el tiempo y la vida de quienes trabajamos.
¿Y ahora qué?
La lucha por la reducción de jornada no termina aquí. Muy al contrario, se intensifica:
- El Gobierno podrá presentar una nueva propuesta, pero solo la presión en la calle obligará a que avance.
- Es posible que intenten aprobar partes de la medida (registro digital, desconexión) por decreto, pero sin rebaja de jornada real eso será insuficiente.
- Los sindicatos combativos llamamos a organizarse y a presionar, porque los derechos no nos los regalan: se conquistan.
Nuestra posición
Necesidad de un cambio más profundo:
Nuestro sindicato aboga por una reducción de la jornada laboral a 30 horas semanales, con el objetivo de redistribuir el empleo, combatir el desempleo y mejorar la conciliación real de la vida laboral, personal y familiar. Vemos la propuesta de 37,5 horas como una medida tibia que no aborda los problemas estructurales del mercado laboral español, como la precariedad y la falta de salud laboral.
La reducción de jornada sin pérdida salarial es una reivindicación histórica y necesaria. No se trata de un lujo, sino de justicia: trabajar menos, vivir mejor, repartir el empleo, proteger la salud física y mental.
El rechazo en el Congreso no es un final, es una demostración más de que solo con lucha y organización podremos arrancar los derechos que nos niegan desde arriba.
Conclusión
En resumen, la postura de la CGT es que, si bien cualquier reducción de la jornada es un paso positivo, la propuesta actual es demasiado limitada para tener un impacto real y significativo en la vida de los trabajadores. El sindicato busca un cambio más profundo y una jornada laboral mucho más corta que, en nuestra opinión, es la única manera de abordar el desempleo, la precariedad y el derecho al tiempo libre.
El Congreso ha dicho no, la patronal respira tranquila. Pero la clase trabajadora sigue en pie, organizada y consciente. La reducción de jornada será una conquista, tarde o temprano, si seguimos presionando en los tajos, en las calles y en cada centro de trabajo.
