¿Alguna vez te has detenido a pensar en cómo las palabras que usamos construyen nuestra realidad? A menudo, el lenguaje que empleamos de forma automática invisibiliza a más de la mitad de la población o perpetúa estereotipos que ya no tienen lugar en 2025.
Comunicar de forma feminista no es “complicar el lenguaje”, sino ejercer el rigor y la justicia. Se trata de que todas las personas se sientan representadas y de que nuestras palabras reflejen la diversidad del mundo en el que vivimos.
¿Qué implica comunicar con perspectiva feminista?
- Nombrar para existir: Lo que no se nombra, no existe. Usar genéricos inclusivos (como “la población” en vez de “los hombres”) es un paso sencillo pero transformador.
- Romper el estereotipo: Evitar asociar a las mujeres solo con el ámbito de los cuidados o la estética, y a los hombres con el liderazgo o la fuerza.
- Tratamiento ético de la información: Especialmente al hablar de violencia machista, poniendo el foco en el agresor y la estructura social, nunca en la víctima.
- Interseccionalidad: Entender que no hay una “mujer universal”. Nuestra comunicación debe abrazar la diversidad de raza, clase, edad y capacidad.
La Guía de comunicación feminista está elaborada por las periodistas Macarena Baena y Laura de Grado, especializadas en feminismo y violencias machistas, en el marco del proyecto de la ONG Movimiento por la Paz -MPDL- “ODS 5. Sin nosotras no habrá paz”, financiado por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.
